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Llevando una línea de abordaje sobre diferentes temas en los cuales buscamos informar y concientizar acerca de temas que son una realidad vivencial de todos nosotros, en esta ocasión abordaremos un tema que se vuelve frecuente en especial por la realidad que estamos viviendo.

Daremos un pequeño abordaje acerca del tema de la ansiedad que podríamos conceptualizar como una respuesta emocional en la persona al presentarse situaciones que percibe o interpreta como amenazantes o peligrosas, aunque no precisamente lo sean, en base a estos estímulos podría hacer que la respuesta no adaptativa hace que la ansiedad sea nociva porque se percibe de forma excesiva y frecuente.

Por tal motivo la ansiedad es considerada como un trastorno mental prevalente en la actualidad, ya que engloban una serie de cuadros clínicos que tienen rasgos comunes que se manifiestan, como lo son ciertas disfunciones, desajustes a nivel cognitivo, conductual y psicofisiológico.

Si nos remontamos en el tiempo, hace miles de años el ser humano tenía que afrontar peligros y situaciones que atentaban directamente contra su vida. En esa época éramos presas fáciles para otros depredadores y la ansiedad nos ayudaba a gestionar estas situaciones, porque nos permitía huir del peligro o en el peor de los casos luchar para defendernos.

En cualquiera de estos dos comportamientos, nuestro cuerpo va a tener un desgaste, estos cambios fisiológicos que se generan tienen como objetivos prepararnos para estas dos reacciones. Tanto si luchamos como si huimos, vamos a necesitar que nuestro corazón bombee más rápidamente la sangre a las extremidades, de ahí la taquicardia, vamos a necesitar más oxigeno,de ahí que se acelere la respiración, necesitaremos que nuestros músculos tengan un tono muscular adecuado para correr o luchar, de ahí la tensión muscular, también  necesitamos que nuestro cuerpo se refrigere de ahí que empecemos a sudar, todas respuestas naturales fisiológicas de nuestro cuerpo.

Sin embargo, este sistema de alarma no ha evolucionado de la misma forma y se pone en funcionamiento siempre que percibimos un peligro, incluso aunque estos peligros no sean precisamente algo que podamos afrontar con la lucha o la huida.

En general, los “peligros” a los que actualmente tenemos que hacer frente son de orden social: nos genera ansiedad el “no ser suficiente”, “fracasar”, “decepcionar a los demás o a nosotros mismos”, “que los demás no nos valoren positivamente”, “tener reacciones que escapan a nuestro control”, y para estas amenazas, las reacciones de lucha o de huida no nos valen como método para solucionar o compensar estas situaciones.

Por otro lado, uno de los factores implicados en la ansiedad es el temperamento. Personas autoexigentes, perfeccionistas, con baja tolerancia a la incertidumbre y a la frustración son más propensas a desarrollar trastornos de ansiedad.

La ansiedad es un fenómeno complejo que involucra diferentes aspectos de la persona:

A nivel fisiológico

Aceleración del corazón o palpitaciones, opresión en el pecho, sudoración, dificultades respiratorias, tensión muscular, temblores, molestias digestivas, mareos o sensación de inestabilidad, entre otros.

A nivel emocional y cognitivo

Nerviosismo o angustia, pensamientos catastróficos o negativos, ideas obsesivas, problemas para concentrarse o para mantener un estado de relajación, olvidos y distracciones frecuentes, preocupaciones excesivas, pensamientos acelerado y dificultad para tomar decisiones, irascibilidad, despersonalizaciones y desrealizaciones. Todo esto produce un desgaste que a la larga genera sentimientos de incapacidad y deterioro de la autoestima.

A nivel conductual

Bloqueos cuando se ocupa reacción, evitación de situaciones, hipervigilancia, cambios en el patrón de sueño y/o alimentación, retraimiento en las relaciones sociales, falta de control en las reacciones (carácter).

Ahora que podemos identificar de mejor manera o tenemos una idea más clara acerca de los síntomas y signos de esta afección queremos darte algunas herramientas que te pueden ayudar a prevenir o controlar poco a poco el estado de ansiedad y ayudarte a sentirme más saludable.

La primera recomendación es hacer un alto en el camino, realizar un análisis interno tratar de hacer cambios en el estilo de vida, aprender a hacer frente a desafíos o situaciones y practicar técnicas de relajación.

Una gran herramienta con la que contamos como seres de movimiento por naturaleza es la práctica de la actividad física, ejercicio y deporte; la idea es que el objetivo de hacer ejercicio sea moverte, liberar tensiones, oxigenarte y divertirte.

Cuando nos ejercitamos se produce una secreción de endorfinas, conocidas como hormonas de la felicidad. Se trata de neurotransmisores que actúan a nivel cerebral generando una sensación de bienestar y aliviando el dolor.

La práctica deportiva también disminuye los síntomas de la ansiedad al mejorar la circulación sanguínea y la capacidad cardiovascular. Asimismo,  mejora nuestra capacidad de concentración y facilita un mayor control de los impulsos de nuestro sistema nervioso central.

Pero si haces ejercicio sintiendo cómo se mueve tu cuerpo, disfrutando de una buena música, despreocupándote del reloj, midiendo tu propia capacidad, respirando con conciencia entonces el ejercicio te ayudará a sanar.

El ejercicio es como el trabajo, si no refleja tu elección, no estarás en el presente y se volverá un martirio, pero si tú lo eliges y lo disfrutas, créeme que definitivamente te ayudará a sentirte mejor.

Hay muchísimas opciones con las que puedes experimentar el inicio de la actividad física o ejercicio, idealmente actividades que puedas realizar de forma constante de 2 a 3 veces por semana por al menos 30 o 40 minutos, algunos ejemplos puede ser salir a caminar, inclusive con algún amigo o familiar, el hecho de poder hablar ayuda aún más a dispersar la mente y tener un medio de desahogo.

Otros ejemplos de actividades podrían ser andar en bicicleta, jugar ping pong o tenis, hacer senderismos en la montaña, el aire fresco y el contacto con la naturaleza te hará muy bien; aprender a bailar, o algo más artístico como danza, aprender un nuevo deporte como baloncesto, balonmano, gimnasia, yoga o pilates e inclusive alguno relacionado con el medio acuático como natación, aguas abiertas, polo acuático o nado sincronizado, todas opciones que puedes experimentar y te ayudarán a sentirte mejor física y mentalmente.

Es importante buscar opciones que se amolden a tus gustos, ojala puedas iniciar con alguien que te apoye en el proyecto y tener la certeza de que el objetivo primordial es que te sientas cada vez mejor contigo mismo, que tengas herramientas de distensión y de disfrute.

 

Nota realizada por Bach. Jorge Valerio Valverde. Guardavidas, Unidad de Infraestructura Deportiva.


 

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