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Si bien todos los días experimentamos una amplia gama emocional como colores hay en el mundo, algunas emociones se perciben fáciles de asimilar, mientras que otras, – por su intensidad -, no sabemos cómo manejarlas efectivamente, y puede ser tentador actuar con base en ellas, lo cual con frecuencia no arregla la situación que nos aqueja. Durante un periodo en el cual, a nivel mundial, se ha venido experimentado una sensación de indefensión y de vulnerabilidad de cara a la incertidumbre, una montaña rusa de emociones y de sentimientos pudo haber sido nuestro estado natural en las últimas semanas, con altos y bajos que nos pudieron haber drenado y agobiado.

Las emociones constituyen una expresión básica de la condición humana, que en medio de un constante intercambio social, reflejan hacia el entorno lo que acontece en nuestro interior. Aunque pareciera difícil identificar lo que sentimos en un momento dado, desarrollar la capacidad para reconocerlo y ponerle un nombre constituye una habilidad de vida. Además, resulta fundamental que aprendamos a manejar nuestros sentimientos sin ocultarlos, reprimirlos o ignorarlos.

Por eso, el primer paso está en ACEPTAR lo que estás sintiendo. Si tuvieras un fuerte dolor de cabeza, e intentaras ignorarlo, ¿es más probable que el dolor se intensifique o que disminuya? Ante un dolor físico, procurarías hacer algo para aminorarlo, ya sea tomando una pastilla, evitando sonidos intensos o luces fuertes, y dirigiéndote a descansar. Si hicieras lo mismo con las emociones, tendrías que aceptar primero que cómo te sientes es una reacción natural para ti ante una circunstancia en particular, y que esa emoción te está dando un mensaje; por ejemplo, si te sintieras triste y solo/a, significaría que anhelas consuelo y compañía de tus seres queridos, o si te sintieras enojado o herido, dichas emociones serían un impulso para intentar cambiar tus circunstancias actuales.

Seguido, NOMBRA y DECODIFICA la emoción. Cuando nombras algo, lo haces consciente. Sé específico al describir tus emociones; podrías darte cuenta que en realidad es angustia lo que estás sintiendo, y no enojo, o tristeza en vez de frustración. Puedes decir, por ejemplo: “Me estoy sintiendo angustiado, porque temo que (algo malo suceda)”; “pensar que podría perder (algo/alguien) me hace sentir verdaderamente triste”; “me enoja pensar que (mis valores o mi persona han sido atacados)”; “me genera felicidad darme cuenta que (obtuve algo bueno)”.

Ahora, VALIDA la emoción. Haz el esfuerzo por comprender tus emociones sin juzgarlas. No es lo mismo decir: “Qué pereza, siempre lo mismo, de nuevo me estoy sintiendo triste” a decir: “Está bien si nuevamente me vuelve a invadir esta tristeza, realmente me duele mucho todo lo que está ocurriendo…”.

Finalmente, ACTÚA. Pregúntate a ti mismo/a si hay algo que puedas hacer para resolver la situación. Si la respuesta es sí, considera las opciones que tienes al alcance. Si lo que sucede no está bajo tu dominio, puedes analizar cómo regular la emoción, considerando opciones como meditar, compartir lo que sientes con alguien o llevando un diario de sentimientos, manteniéndote activo/a físicamente, o en caso de ser requerido, buscando ayuda profesional.

Sobre todo, en medio de circunstancias difíciles, inciertas e impredecibles, adopta una actitud positiva y abraza tus emociones. Todo lo que proviene de ti es importante, es válido, y requiere de tu máxima atención y compasión.

Nota realizada por M.Psc. Silvia Mendoza Alfaro, psicóloga Unidad de Servicios de Salud.


 

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