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Más allá de solo una enfermedad, lo que sale a relucir con esta pandemia son una serie de problemas que si bien muchos vienen desarrollándose desde hace muchos años es ahora donde se hacen más evidentes.

Mi hermana de 26 años, quien es estudiante universitaria y trabajadora, comienza síntomas compatibles con la enfermedad COVID-19, se realiza la prueba y resulta positiva. Mi hermana lleva haciendo teletrabajo desde los comienzos de la pandemia en CR, o sea, desde marzo del presente año, siempre siguiendo las normas establecidas por el ministerio de salud desde el comienzo, por lo que casi no salía a no ser que tuviera que comprar algo de urgencia.

Desde el comienzo de sus síntomas, como hermana y única familiar que vive con ella, me asusté un poco, tanto se escucha y se lee de esta enfermedad que cuando llega a algún familiar es como si todo lo que sabes al respecto se tuviera constantemente en tu cabeza, presente día y noche. Cada organismo es diferente, cada persona afronta la enfermedad de diferente manera, así como algunos han pasado la enfermedad como si fuera un simple resfrío, otros la han pasado en un hospital y muchos lamentablemente han fallecido. Cuando se trabaja en el área de salud, se está acostumbrado a ver diversidad de casos, pero nunca se está preparado para que uno de esos casos sea un familiar cercano con esta y con cualquier enfermedad.

El caso de mi hermana fue por así decirlo “leve”, debido a que no tuvo la sintomatología respiratoria severa; sus síntomas fueron pérdida del gusto, falta de aire si se agitaba o esforzaba un poco, cansancio y quizás la parte más fuerte fueron los dolores de cabeza y de cuerpo, donde un día la vi llorar de dolor y los más fuertes fue a nivel gastrointestinal, ya que presentó diarrea, falta de apetito y náuseas, por lo que bajó mucho de peso con días enteros en que no comía y pasaba con suero. Aparte de tener COVID-19, ella estaba pasando por un momento de depresión y estrés.

Si bien, ella la estaba pasando muy mal, muchas veces no pensamos en quienes conviven con personas que sufren de COVID, depresión, estrés y muchas más. En el caso del COVID-19, pues son demasiados los cuidados que debes tener con la persona, primeramente establecer normas de aislamiento, tratar en la medida de lo posible que la persona enferma pueda estar en un cuarto, que utilice un solo baño (si no es posible, se debe estar en constante limpieza y desinfección de superficies), que utilice platos, vasos y cubiertos aparte, usar mascarillas aun dentro de casa si ocupara desplazarse o hablar, entre otros cuidados. Así que, lo primero, mi hermana tenía COVID, yo sin síntomas, una vez establecidas las normas en casa y habilitar todo para llevarlo a cabo, procedía a limpiar absolutamente toda la casa, desde las cosas más simples como un apagador hasta los utensilios de cocina, por cualquier sospecha de que el virus estuviera en cualquier superficie de la casa que ella hubiese manipulado previo a saber el resultado. Esto es una tarea sumamente agotadora para una sola persona.

Por otro lado, son al menos 14 días de aislamiento, la primera semana fueron los días más complicados, parte por el agotamiento físico ya que pasas a ser la única persona que puede hacerse cargo de la casa, limpieza, comidas, atenciones (mi hermana tenía prohibido tocar o hacer cualquier cosa para no contaminar otras áreas de la casa) y demás; otra por agotamiento mental debido a que jamás se está tranquilo con una persona enferma, que así como está estable en un momento, en cualquier otro puede empeorar, por lo que se pasa día y noche preocupado; el agotamiento emocional es otra parte importante, porque no fue solo el COVID, ya para la segunda semana que mi hermana se iba sintiendo mejor, ya podía comer sólidos y ser más elocuente, lo cual me alegraba demasiado, significaba que iba saliendo de la enfermedad y el mayor miedo de tener que internarla en un hospital ya estaba pasando. Sin embargo, así como mejoraba su salud física, su salud mental no lo hacía.

A través de los años hemos visto cómo el mundo en que vivimos, cada vez más acelerado y más estresante, ha ido promoviendo en las personas un ambiente de estrés y una mayor tendencia a la depresión (hay un aumento de casos alarmante). Mi hermana no escapa a esto y la mayoría de personas alguna vez lo hemos experimentado, el problema es, ¿cómo hacer con una persona que está pasando por un cuadro de depresión aparte de ya encontrarse enferma con COVID-19?. Es difícil, porque la persona se cierra en su mundo, todo lo ve negativo, lo ve en su contra, no encuentra salida y por más cosas buenas y positivas que hayan a su alrededor, solo se enfocará en eso que le tiene en depresión y sumará más cosas a esa depresión, como el hecho de estar encerrada hace meses, ahora el aislamiento es mayor, ya solo se está en un cuarto, se cierra a posibilidades donde pueda utilizar su creatividad pues nunca le ha gustado desarrollar parte artística, entonces, ¿qué puedes sugerir para mejorar el estado de ánimo de la persona? ¿Qué puedes decir que ayude a la persona a salir de ese estado de depresión?.

El cansancio de los cuidados y preocupaciones asociadas al cuido de un paciente COVID-19 positivo, sumado a la inexperiencia de tratar con enfermedades como lo es la depresión, hacen que no sea una tarea sencilla. Se trata día a día de estar para lo que la persona necesite, pero además, el esfuerzo que uno hace para tratar de entender la situación, para no tomarse personal el mal humor, los reclamos y demás, a veces llega a ser muy complicado y desgastante a nivel emocional para la persona que se encarga de cuidar. Sé que mi hermana lucha constantemente por tratar de vencer la depresión, la ansiedad, el estrés y el COVID sin embargo, a veces uno cuidador se encuentra más vulnerable y todo lo siente más, se hace más personal y puede que afecte más a nivel emocional y ahí es cuando también uno mismo se siente cansado, que su esfuerzo no es valorado y hasta cierto punto frustrado sin saber qué hacer. Sin embargo, hay que retomar fuerzas, darse a la tarea de día a día considerar que no es que no seas valorada, sino que la otra persona necesita salir de su estado porque mientras esté ahí, no pensará ni actuará de la mejor manera o de la forma que esperarías.

Poder discernir cuándo es momento de tomarse un respiro, del trabajo, de obligaciones, de la familia; tomarse un tiempo para trabajar en nuestra salud mental sería de gran ayuda para nuestra salud y convivencia con las demás personas. Todos necesitamos desacelerar un poco nuestras vidas, tener mejores hábitos (dormir bien, horas y calidad adecuadas), todo esto para poder ser más positivos, más proactivos y sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.

Testimonio por Katherine Sosa – Microbióloga  Laboratorio Clínico UCR.


 

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