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Se podría decir que el autoconocimiento es un proceso, casi como una historia interminable, porque es un proceso que no se puede segmentar ya que no podemos decir que hemos alcanzado la plenitud del conocimiento de lo que soy, sino que es como una indagación que vamos alcanzando a lo largo de nuestra vida.

Es un proceso que tiene efectos muy beneficiosos para la persona en la medida que conoce sus necesidades, sus carencias, sus limitaciones, pero también su potencial, sus recursos y activos que están dentro de cada uno.

Es aprender a observarnos, a examinarnos a ver cómo somos, para que así podamos ver cuáles son nuestras reacciones emocionales, cuáles son nuestros hábitos, nuestros automatismos.

En el fondo conocerse a uno mismo, es examinarse y a su vez es cuidar de uno mismo y al cuidarnos se vive más y se vive mejor.

Auto-conocerme me ayuda a salir de los automatismos, de esos impulsos que nos llevan a tomar decisiones que se alejan o no coincide con lo que en realidad queremos. Cuando me conozco me acerco cada vez más a lo que puedo ser o a lo que puedo llegar a ser; de esta manera podemos lograr que nuestras capacidades surjan y entonces saber hacia dónde queremos ir y para poder cambiar el rumbo necesitamos saber: ¿quién soy hoy y en donde estoy?

Sin embargo, el examen de uno mismo es aterrador; ya que no puedes copiar, no puedes ocultarte, ni puedes disimular. Cuando te examinas estás ante un espejo muy transparente, aunque puedes maquillarte u ocultarte detrás del personaje público -el que muestras a los demás-, ese examen es duro y a veces preferimos no hacerlo porque lo que descubrimos no nos gusta.

Pero otras veces, puede ser muy revelador porque te das cuenta de cuáles son tus deseos, tus “manías”, tus gustos y también miras tus rencores y aquello que te intoxica.

Nos da miedo conocernos porque tendemos a inflar nuestra imagen y la terminamos idealizando, pero cuando nos damos cuenta de que no es tan perfecta, porque no es como te gustaría o como quisieras; esto nos resulta doloroso ya que nos lleva a algo que no es fácil y es hacer el esfuerzo de cambiar.

Autoconocerte te acerca a la felicidad, cada vez que te preguntas ¿qué quiero hacer con mi vida o a qué me siento llamado? Este es un principio básico de la felicidad porque cuando mi proyecto de vida tiene valor y puedo plasmarlo me acerco a la felicidad, claro que la felicidad no se alcanza solamente con auto conocimiento hay más variables como la calidad de las relaciones que tenemos, el bienestar psíquico, físico y emocional; pero ¡vivir tu vida con sentido te llena de felicidad!

Cuando nos conocemos podemos hacernos preguntas difíciles y darles respuestas profundas y esto es necesario y aunque el autoconocimiento no es una garantía de felicidad, ni de éxito (¿qué tenemos garantizado en la vida?), es un camino que nos lleva a la autenticidad y al sentido. Es no dejarnos llevar por las expectativas ajenas, ni tener que aceptar las normas que se nos imponen si no sé si voy a querer estar a donde éstas me llevan, de lo contrario seríamos como veleros sin un timón a los cuales el viento lleva a cualquier lugar y no al que quieren ir.

El autoconcimiento no es narcisismo, porque cuando uno se conoce se da cuenta de sus limitaciones y de la necesidad que tiene de los otros, porque no lo podemos todo.

Finalmente, cuando me conozco no me queda otro camino que no sea ir a la acción, ya no puedo pretender que no sé o ignorar o mirar para otro lado, ya no puedo reprimir porque ya sé lo que hay y debo hacer algo con ese saber, es decir, si sé que en esto “no soy bueno”, que estoy cometiendo errores, dañándome o haciendo daño, debo intentar corregirlo para poder cicatrizar las heridas que tengo.

Si quieres conocerte te invito a que te hagas preguntas, por ejemplo: ¿cuáles son mis valores? ¿cuáles han sido mis éxitos y mis fracasos? ¿cuáles han sido los periodos más difíciles de mi vida? y ¿cuáles los más alegres? ¿qué me frustra o me da miedo? ¿cuáles son mis hábitos y que me hace feliz? Estas son algunas preguntas que te pueden ayudar en este proceso; que como antes se ha dicho no termina, pues nos toma toda una vida ya que somos seres dinámicos y cambiantes y cada día debemos renovar lo que sabemos de nosotros, al final no se puede vivir con una copia de hace 10 años.

Nota por: Fabián Jiménez – Psicólogo Unidad de Servicios de Salud, OBS.


 

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